Fuck You. Apuntes sobre Frank Underwood

[Originalmente publicado en el blog de Eterna Cadencia 13-03-2016]

¿Cómo cambia la manera de entender la política y la ficción una serie como “House of Cards”? Spoiler alert: en la nota se revelan algunos detalles de las dos primeras temporadas.

Por Andrés Hax.

1. En algún momento empezó a circular la idea de que estamos en la época dorada de la televisión y que las series son equivalentes a las novelas. Que ver “The Sopranos”, “Six Feet Under”, “Lost” o “Breaking Bad” es equivalente a leer las grandes obras de la literatura contemporánea. Que esto sea verdad o no, está sujeto a debate. Aunque existe una prueba personal y subjetiva, pero irrefutable, para determinar si esta afirmación es acertada. Tomen un día entero para ver una temporada completa de una serie pendiente. Puede ser, por ejemplo, “House of Cards”, cuya cuarta temporada se subió, completa, a Netflix, a principios de mes. En estos días, en Buenos Aires, el sol sale a las 6:51 y se pone a las 19:14. Las horas entre el amanecer y el crepúsculo no serán suficientes para ver los 13 episodios, pero háganlo. Y luego registren la respuesta a esta simple pregunta: ¿Cómo me siento?

Otro día, agarren una novela larga y léanla desde el principio del día hasta su fin, levantándose sólo para preparar un sándwich o ir al baño. Tras esta maratón, pregúntense también: ¿Cómo me siento?

Cada uno tendrá su respuesta, pero les apuesto que la serie los dejará con la desazón de haber perdido algo muy preciado (¡un día de tu vida!), mientras que, les aseguro, tras haber leído más de 12 horas sentirán lo opuesto: que el tiempo de vida ha sido misteriosamente aumentado. Se levantarán del sillón un poco aturdidos, pero con la liviandad y paz de alguien en un estado de gracia.

2. Pero volvamos a “House of Cards”, porque por más que los haga sentir mal, o ya la vieron o la están por ver. Y hay que hablar de “House of Cards”, porque es posible que sea el embrión de un nuevo género, un paso más allá de las meras series: un nuevo producto híbrido entre telenovela y editorial político panfletario en donde la realidad y la ficción se entremezclan sin distinción.

Uno de los mensajes centrales de “House of Cards” es que el sistema político de los Estados Unidos —y, por extrapolación, cualquier sistema político democrático contemporáneo— puede ser tomado de rehén por un tirano malévolo que usa las herramientas de la democracia. Alrededor de esta conquista cínica de poder y el intento cuasi-fascista de hacer ese poder absoluto hay traiciones, asesinatos, gigantescas mentiras, nihilistas orgías de amoralidad. Esto, por supuesto, no es ningún descubrimiento. Que la democracia es frágil, que el poder corrompe, que los políticos mienten, que gobernar en algunas manos se convierte en traicionar y matar, es la noticia más antigua del mundo. Lo que sí es novedoso es el engranaje entre la ficción, el sistema político y los medios de comunicación.

Hay dos datos para resaltar. Bill Clinton, presidente de los Estados Unidos entre 1993 y 2001, ha avalado “House of Cards” diciéndole a Kevin Spacey que el 99% de la serie es acertada, fiel a la realidad. Clinton y Spacey son amigos y el actor contó la evaluación del ex presidente en una entrevista con la revista Gotham. El 1% que no es cierto, según Clinton, pertenece meramente a materias legislativas.

Este es un momento para apretar pause.

¿Cómo que es 99% cierto? ¿Qué hacemos con esta información? ¿Clinton está senil? ¿Está mandando un mensaje subversivo? ¿Es un cínico absoluto?

Frank Underwood, el presidente ficcional de la serie, entre otras cosas, mata o encarcela periodistas que investigan su pasado criminal. Logra el puesto de presidente armando un golpe burocrático a un presidente en la mitad de su mandato. Lanza operaciones militares para distraer el pueblo de sus acciones criminales. Esto es el principio de una lista de horrores.

3. El segundo punto es la activa participación del periodismo en la serie. Más de una docena deprestigiosos periodistas televisivos reales de centro izquierda, de cadenas como MSNBC, CNN, PBS y NBC, aparecen en la serie analizando la presidencia de Frank Underwood como si fuera real.

Otra vez tenemos que apretar pause.

No hay que ser Umberto Eco para observar que la activa participación de los medios en una serie ficcional borra completamente la línea entre el entretenimiento y el periodismo.

¿Qué pasa cuando veo por la tarde en Netflix a una periodista que analiza la campaña presidencial de Frank Underwood, y por la noche, esa misma periodista critica salvajemente a Donald Trump? ¿Sigue siendo creíble y confiable? ¿Su indignación no huele, ahora, un poco a actuación?

El deseo de tantos periodistas de enorme prestigio para actuar de ellos mismos en una telenovela y el permiso de sus organizaciones para participar en una obra de ficción es un preocupante signo de los tiempos. No es un fenómeno que se inauguró con “House of Cards”, pero el uso en la serie es deliberado, reiterativo y mucho más extensivo que en previos ejemplos en el cine.

4. Cuando se estrene la quinta temporada, el 24 de febrero de 2017, Estados Unidos tendrá un nuevo presidente. El pronóstico más seguro es que sea o Hilary Clinton o, terroríficamente, Donald Trump. Ambos candidatos pueden ser analizados por el filtro de “House of Cards”. Como Claire y Frank Underwood, Hilary es parte de una pareja política que quiso, y que quiere, habitar la Casa Blanca por la mayor cantidad de años que permita la constitución. ¿Qué podemos decir de Trump? Como Frank Underwood —cuyas iniciales F.U. remiten claramente a la frase Fuck You— Trump está jugando por sus propias reglas. Aparentemente, todo el mundo se da cuenta de su venalidad, de su despiadada voluntad de poder, de su vulgaridad y de su peligro —pero nadie lo puede frenar.

En septiembre del 2015, en una entrevista en el Late Show de Stephen Colbert, Spacey bromeó que cuando Frank Underwood mira a la cámara en una suspensión de la acción y le habla a la audiencia, en realidad le está hablando a Donald Trump. Si el 20 de enero del 2017 es Trump quien tome juramento para ser el presidente número 45 de los Estados Unidos, el chiste se convertirá en una oscura profecía. Y allí esperaremos el estreno de la quinta temporada de “House of Cards” como un oráculo, como las únicas noticias que importan.

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