Trashpunk. Sobre el hiperrealismo nihilista

[Originalmente publicado en el blog de Eterna Cadencia 21-06-2016]

1.

Seguro que lo dijo Borges –o tal vez fue Umberto Eco– pero armar una biblioteca es un acto de crítica literaria. Y dentro de este clase de crítica hay un juego hermoso que podés hacer: crear nuevos géneros literarios. A mí me pasó recientemente al comprar el nuevo libro de fotos de Dani Yako titulado El Silencio (Planeta), con textos de Martín Caparrós. Muestra la vida cotidiana en una villa en Concordia a cielo abierto llamada, justamente, El Silencio. En blanco y negro, y fotografiada con una Leica M2 y M4 sobre película Kodak Tri-X. Old school. 

Caparrós describe a los sujetos de este ensayo fotográfico: “Ciento sesenta familias en ranchitos que van del indigente al miserable en un paisaje muy distinto al de las villas urbanas: acá no hay pasillos y aglomeraciones sino árboles, lomas, un arroyito sucio, algo de aire, chicos que corren, caballos, mucho olor a mierda. La actividad principal –la actividad poco menos que única– de los habitantes de El Silencio consiste en rescatar lo que pueden de la basura de Concordia, que yace allí al lado, al borde de sus casas. El Silencio es el nombre más poético que nunca nadie le puso a un basural”.

Al mirar las fotos, inmediatamente, aun parado en la librería, recordé la novela Plop de Rafael Pinedo, publicada en el 2004 y reeditada por Interzona en el 2012. La descripción de Caparrós de El Silencio que acabamos de citar es también una descripción del mundo de Plop. Aunque Plopes ficción. Cuenta la vida del protagonista homónimo –llamado así porque es el ruido que hizo cuando cayo al piso barroso al nacer– en un mundo que podríamos llamar distópico. Un mundo por venir, imaginado al amplificar y proyectar las peores condiciones y tendencias de nuestro mundo contemporáneo.

Volví a leer Plop a la luz de las fotos de Yako, y volví a mirar las fotos de Yako a la luz del mundo de Plop. Luego tomé cada libro y los acomodé juntos en un estante de mi biblioteca. Es el núcleo de un nuevo género literario, que por ahora solo existe en mi mente, pero que veo con gran futuro. En realidad, ahora existe para cualquiera que lo quiere adoptar, desarrollar, fomentar.

2.

El primer movimiento literario con el sufijo “punk” fue el Cyberpunk. Citando (y traduciendo) elartículo de Wikipedia en inglés: “Cyberpunk es un subgénero de la ciencia ficción en un escenario futuro que suele tratar la sociedad de la proverbial high tech low life [la vida de alta tecnología de los bajos fondos], exponiendo logros científicos y tecnológicos avanzados, como tecnología de la información y la cibernética junto con un colapso y cambios radicales en el orden social”.

La película Blade Runner podría ser un ejemplo de este género que todos conocemos, aunque la bibliografía es vasta.

Otro genero maravilloso con este mismo sufijo es el Steampunk. Piensen en la película Brazil de Terry Gilliam, o en Perdido Street Station de China Miéville. En términos estéticos, este género mezcla tecnología futurista con aparatos y máquinas más propias de la época victoriana, que andan a vapor.

Vamos a traer un género nuevo más a la discusión antes de definir el Trashpunk y es el Ruin Porn. Pertenece más a la fotografía que a la literatura, y consiste en regocijarse en la belleza de las ruinas contemporáneas. Como las fábricas de Detroit, por ejemplo. Como los shoppings suburbanos desiertos. En el Ruin Porn se intenta inspirar algo del asombro que habrán sentido los viajeros de la época romántica al ver las ruinas de la antigua Grecia y del Imperio Romano, cuando aun no se habían convertido en destinos turísticos.

Tanto el Ruin Porn como el Cyberpunk y el Steampunk contienen un elemento de esperanza, aunque sea anárquica. Todo los artefactos arquitectónicos y la maquinaria pesada, tanto como los sistemas sociales y logísticos, quedarán destrozados, pero habrá un colectivo minoritario que cuide el fuego de la tecnología, que la fomentará, que la seguirá nutriendo como un jardín mágico en un castillo derrumbado.

3.

El Trashpunk, amigos míos, no tiene consuelo. Es un hiperrealismo nihilista que muestra lasconsecuencias finales de nuestra sociedad de consumo y descarte, de nuestra voracidad desenfrenada. No quedan bosques, no quedan pantallas brillantes ni guardianes de información esotérica. Queda basura. Plástico. Ratas. Analfabetismo o semi-alfabetismo. Brutalidad. Jaurías de perros rabiosos. Esclavitud. Un mundo hecho un descampado. Y basura. Y basura. Y basura.

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