Ludwig Wittgenstein: El filósofo zen

Por qué es el filósofo más importante del siglo XX. A 127 años de su nacimiento, una aproximación a obra a partir de la lectura de los otros.

Por Andrés Hax.

1.

Esta semana presenta una curiosidad nimia del almanaque cultural. Hoy, martes 26, es el aniversario del nacimiento del filósofo Ludwig Wittgenstein, en Viena, Austria, en 1889. Y este viernes marca el aniversario de su muerte, en Cambridge, Inglaterra, en 1951. La próxima vez que estas fechas entren prolijamente en la misma semana será en el 2022 y, después, en el 2033. Así que, en un acto patafísico, podríamos denominar a esta, La Semana de Ludwig.

Wittgenstein, además de ser un filósofo ontológicamente revolucionario, es una figura carismática del siglo XX. ¿Qué queremos decir con esto? Que su vida, su pensamiento y su propia imagen han tenido un impacto, un aura, una influencia y una fascinación que supera la disciplina académica. Aunque no es una influencia directa. No hay, por ejemplo, una escuela literaria wittgensteineana. No hay una estética o credo directamente asociado con él. De hecho, aun hoy los mismos filósofos y profesores de filosofía no pueden ponerse de acuerdo en cuál exactamente es el legado de Wittgenstein dentro de las áreas específicas de la teoría del lenguaje o de la lógica (dos de sus campos centrales) aunque no es controversial afirmar que sí es el filósofo más importante del Siglo XX.

2.

Es más fácil, tal vez, aprender sobre la vida de Wittgenstein que estudiar su obra. Aunque suene frívolo poner la vida por delante de la obra, vale encarar un estudio estrictamente biográfico. Wittgenstein es parte del siglo XX y no se podrá entender este período en profundidad sin tenerlo en cuenta. Hay muchos puntos de entrada, varios de los cuales están online y listados al final de esta nota, pero, por ahora, mencionaremos tres.

Primero, la biografía escrita por Ray Monk, publicada en 1991. La traducción está disponible en la Colección Compactos de Anagrama. La vida de Wittgenstein es asombrosa y totalmente original. Nunca hizo nada para complacer a otro. Regaló la parte de su herencia a sus hermanos para vivir espartanamente. Escribía solo por necesidad. Practicó varias profesiones, incluyendo soldado, jardinero, maestro de primaria.

Además de la biografía, hay una novela brillante sobre su vida. The World as I Found It (1987), del poco prolífico y poco difundido —pero extraordinario— escritor estadounidense Bruce Duffy fue escrita antes que el libro de Monk. Tuvo una segunda vida al ser seleccionada por el sello editorial de The New York Review of Books que se especializa en classicos marginales, como la novela Stoner de John Williams, que recientemente ha sido un gran éxito con la traducción de la editorial Fiorido.

Finalmente, recomendamos la película de Derek Jarman de 1993 titulada simplemente “Wittgenstein”. Una alma generosa la ha subido a YouTube. ¡Y con subtítulos en castellano! Estas joyas suelen durar poco, así que si saben cómo bajar videos de YouTube para consumo offline, háganlo con este, que es una rareza valiosa.

3.

Como Samuel Beckett en la literatura, o Giacometti en las artes plásticas, la filosofía de Ludwig Wittgenstein busca el límite de lo expresable diciendo lo menos posible. Cuando enfrenta este límite, se retrae y deja ganar el silencio. No permite explicaciones de más, no tolera pensamientos superfluos. El prefacio de su primer libro, el Tractatus logico-philosophicus, escrito mientras era soldado-prisionero en la Primera Guerra Mundial, comienza así:

Quizás este libro sólo puedan comprenderlo aquellos que por sí mismos hayan pensado los mismos o parecidos pensamientos a los que aquí se expresan. No es por consiguiente un manual. Habrá alcanzado su objeto si logra satisfacer a aquellos que lo leyeren entendiéndolo.

El libro trata de problemas de filosofía y muestra, al menos así lo creo, que la formulación de estos problemas descansa en la falta de comprensión de la lógica de nuestro lenguaje. Todo el significado del libro puede resumirse en cierto modo en lo siguiente: Todo aquello que puede ser dicho, puede decirse con claridad: y de lo que no se puede hablar, mejor es callarse.

Y la última frase de este libro hermético refuerza la declaración inequívoca: «De lo que no podemos hablar, debermos dejar pasar en silencio».

Evoca, de alguna manera, la frase más citada de Beckett, de su novela Murphy (1938): «Ever tried. Ever failed. No matter. Try Again. Fail again. Fail better.» [Siempre intentado. Siempre fracasado. No importa. Intenta de nuevo. Fracasa de nuevo. Fracasa mejor.] O de Giacometti: «Ahora solamente me interesa la realidad y sé que podría pasarme el resto de la vida dibujando una silla».

Pero estas frases austeras engañan si nos hacen pensar que el camino para adquir la sensibilidad y tener una visión es fácil. Son del orden de un koan zen. Son barricadas contra un caos, son escuetos resúmenes de sabiduría conseguida a un enorme costo y esfuerzo.

4.

O tal vez, la mejor introducción a Wittgenstein sea simplemente contemplar la foto icónica en la que el filósofo, parado delante de un pizarrón borroneado, mira fijo a la cámara. Acá hay mundos. Miren, por ejemplo, cómo se viste o cómo es su corte de pelo. No es frívolo hacerlo: a Wittgenstein le preocupaba enormemente todo tipo de detalle estético. ¿Y esa mirada es de amor? ¿Mira así un hombre que ama? Y el palimpsesto del pizarrón, sobre el cual solamente es legible el garabato «raw» (crudo, en inglés). Según el confiable sitio Open Culture, esta foto fue sacada en 1947, en la ciudad galesa de Swansea, y fue compuesta por el propio filósofo. Además de arquitecto, soldado, profesor de primaria, recluso, profesor extemporáneo, estudiante de ingeniería aeronautica, Wittgenstein era fotografo. Así que es totalmente legítimo leer esta foto como una obra más. Es desafiante, enigmática, erótica, fragmentaria, íntima y distante, profunda e inaccesible. Todo a la vez.

Esta imagen es inquietante. Seguramente si se la mirara con atención durante un rato, si se intentara comulgar con la mirada de esa persona delante del pizarrón, uno quedaría inquieto, afectado, necesitado de saber más, todo lo que pueda, sobre esta figura fantasmagórica que, como un monje budista, quiso acercarse a la verdad más certera de la realidad y que la encontró finalmente solo en el silencio.

Tareas para el hogar

– La biografía de Wittgenstein es asombrosa. Si comienzan por Wikipedia, lean tanto la entrada en inglés como la en castellano. ¿Por qué, en general, los artículos en inglés de esta fuente colaborativa de acceso libre son incuestionablemente superiores a los escritos en nuestra lengua?

– El sitio The Stanford Encyclopedia of Philosophy es una de las maravillas de la internet gratuita. Tiene 310 documentos que se refieren a Wittgenstein. Pueden comenzar por el resumen de su vida y obra.

– Open Culture —ya citado en la nota— es una fuente obligada de consulta diaria. Reúne materiales culturales de toda índole de libre uso. La búsqueda por el término “Wittgenstein”resultará en materiales que no agotarán dentro de un mes

– Un sitio relativamente nuevo y muy útil en cuanto la divulgación cultural es The School of Life, creada por Alain de Botton. ¡Subscríbanse al canal de YouTube ahora mismo! Y comiencen porel video sobre Wittgenstein.

– El director Christopher Sykes subió su documental sobre Wittgenstein, “A wonderful life” (1989), para la televisión británica. Muy valioso por el testimonio de las personas que lo conocieron en Cambridge. No se pierdan, tampoco, el audio de este programa de radio del periodista cultural inglés Melvyn Bragg, en el que participan —entre otros— el biógrafo de Wittgenstein, Ray Monk.

– Acá tienen una edición online del Tractatus en el alemán original junto a dos versiones en inglés.

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