Apocalypse Heart

[Publicado originalmente en el blog de Eterna Cadencia el 28-09-2015]

Cómo la novela de Conrad revisitada por Coppola influye en la guerra moderna.

Por Andrés Hax

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La película “Apocalypse Now” (1979), dirigida por Francis Ford Coppola, está repleta de frases que han entrado al imaginario colectivo, como la famosísima: “I love the smell of napalm in the morning” (Me encanta el olor del napalm por la mañana). Sin duda este pronunciamiento está entre los más icónicos del cine, junto con: “May the force be with you”, “Play it again, Sam”, “I´m going to make him an offer he can´t refuse.”

En una de las escenas más recordadas de la película, una flota de helicópteros de guerra comandada por el Coronel Kilgore (Robert Duvall) se prepara para atacar una playa vietnamita. Acercándose al objetivo, tocan a todo volumen por altoparlantes, La cabalgata de las valquirias (es el principio del tercer acto de Die Walküre, segunda ópera de la tetralogía “El anillo del nibelungo”, de Richard Wagner). Kilgore, un aficionado surfista que nunca ataca las playas de los Viet Cong sin su tabla —por si hay buenas olas— está de fiesta. La guerra no le estorba. Como un pragmático y optimista trabajador, enfrenta su trabajo con alegría y picardía. Es un momento espeluznante, surreal y profundamente perturbador. Más aun si recordamos el afecto que tenía Adolf Hitler por la música de Wagner.

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Escuchen esto.

La misma escena ha sido replicada innumerables veces por soldados estadounidense en las guerras en Irak (entre otras fuentes, lo confirma Jonathan Pieslak en el libro Sound Targets: American Soldiers and Music in the Iraq War; 2009, University of Indiana Press). No solo en helicópteros sino también en ataques terrestres. Según Pieslak, había una motivación extra en esta táctica, ya que Saddam Hussein era un fanático del cine clásico estadounidense. Acá tenemos guerra psicológica posmoderna y meta-simbólica. La música motiva a los soldados porque: A) es perversamente estimulante; B) les recuerda la escena de una película clásica de guerra, con lo cual tal vez sienten que ellos mismos están en una versión de esa película; C) confunde y aterroriza a los invadidos; D) es un Fuck You! al cinéfilo de Saddam.

¡Dios mío! ¡Cuán extraño es cómo se mueven y se van transformando las ideas por el mundo y por el tiempo!

Die Walküre, inspirado en la mitología nórdica, se estrena el 26 de junio de 1870 en Múnich. En 1924, Adolf Hitler tiene 35 años y está comenzando a armar el partido Nazi. Lo imaginamos escuchando discos de Wagner, poseído en sus retorcidos sueños oscuros y necro-épicos. Años más tarde, guerras más tarde, un director de cine filma la escena de los helicópteros ya mencionada. Y más tarde aun, en un planeta todavía en guerra, esa escena —esa música de Wagner— vuelve a la guerra en una táctica perversa que habría fascinado al mismo Adolf Hitler.

Para completar este rompecabezas de polinizaciones cruzadas entre cultura, sociedad y guerra tenemos que agregar una gran pieza más: El corazón de las tinieblas, la breve novela de Joseph Conrad publicada por primera vez en 1899, en tres partes, en la revista británica Blackwood’s Magazine, y después como libro, en 1902, en Londres.

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Es notable que esta obra de Conrad aparezca en el último año del siglo XIX, ya que es un anuncio oscuro y despiadado de la capacidad destructiva del hombre, y de la perversión sanguinaria que va mano a mano con el progreso. De la rancia hipocresía de la nobleza del hombre blanco y sus declarados intentos de traer paz y armonía a la humanidad con sus diversas razas. Los horrores del Siglo XX no le hubieran tomado de sorpresa a Conrad.

Hagamos un boceto muy, muy escueto de El corazón de las tinieblas. Es el relato de un tal Marlow de un viaje que hizo a la profundidad de la jungla del Congo —en un barco de vapor— contratado por una empresa que comercializa el marfil. Su meta es buscar y recuperar al jefe de una estación muy productiva. Se trata de Mr. Kurtz, quien, según un rumor, se ha enfermado gravemente. Pero hay otros rumores. Que Kurtz ha armado una pequeña sociedad con los nativos en la cual él es una especie de dios blanco. Como dice Marlow: “Toda Europa había contribuido en la formación de Kurtz”. Pero en la jungla se ha transformado. Su cultura, su refinamiento, su educación y sus costumbres han sido descartados para vivir de una manera totalmente original. No queda claro si es un genio, un superhombre nietzscheano o si es un psicópata depravado. En todo caso, sus últimas palabras suspiradas son «El horror. El horror.» Y sus últimas palabras escritas, garabateadas sobre un informe para la Sociedad Internacional para la Supresión de Costumbres Salvajes es “¡Exterminen todas las bestias!”

El Coronel Kurtz —este misterioso protagonista, que solo aparece al final de la novela, aunque es la preocupación obsesiva de Marlow desde el principio de su relato— está presente en las trincheras de la Primera Guerra Mundial, en los campos de exterminación de los nazis, en los aviones que tiran las bombas sobre Hiroshima y Nagasaki, y sobre Dresde, en las junglas de Vietnam, en los genocidios africanos que apenas registramos en Occidente, en los desiertos de Irak y también en las confortables cabinas de los pilotos de los drones en esta nueva guerra eterna comandada por un Premio Nobel de La Paz.

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“Apocalypse Now” es una de las más perfectas adaptaciones al cine de una obra literaria, porque antes que una adaptación pareciera ser una colaboración entre Conrad, John Milius (el guionista) y Francis Ford Coppola. Ya El corazón de las tinieblas es perfecta. Es una novela muy breve en cantidad de páginas, pero sus personajes, sus paisajes, sus misterios son tan hondos, que años después uno la recuerda como una experiencia de lectura tan compleja y profunda como la de una novela diez veces más larga. Y sin embargo, la película de Coppola (escrita por Milius, insistimos, como insiste el mismo Coppola) pareciera completar la obra de Conrad, de ser una extensión vital y real de ella misma, y no meramente unaversión.

La prueba está en leer la obra de Conrad y ver la película de Coppola. Lo mejor es primero leer la novela. Dejarla estar. Tal vez, releerla. No es mucho pedir, ya que es uno de esos maravillosos libros que se empiezan y terminan en un día. Una vez que se conoce bien el libro de Conrad, se puede ver “Apocalypse Now”. Hay dos versiones: la edición original dura 147 minutos y el corte de director dura 196 minutos. Tal vez conviene ver primero la original. Una no es mejor que la otra.

Al hacer esto es muy probable que con el pasar el tiempo las dos obras se te mezclen en la memoria.

El cliché más grande de los divulgadores bien intencionados de las buenas letras es que las grandes obras hablan de temas de eterna validez. Que la Ilíada, queMacbeth, que Don Quijote y Los Hermanos Karamazov son obras que nos explican nuestro ahora tanto como la coyuntura histórica en cuales fueron escritas. Sí: es un cliché. Pero también es cierto. Lo que demuestra Milius con su guion y Coppola con su película es que El corazón de las tinieblas es —puede ser— tanto la historia de Vietnam como la de un emprendimiento comercial, colonial, en el crepúsculo de la era Victoriana.

Esto es asombroso. Y, repetimos, la única manera de experimentar esta verdad artística es metiéndose en las obras.

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Tareas para el hogar

* El sitio Conrad First es un archivo de primeras ediciones de artículos y cuentos de Joseph Conrad. Por ejemplo, se pueden ver —escaneados— las páginas del Blackwood’s Magazine donde se publicó Heart of Darkness por primera vez. Una de las cosas MARAVILLOSAS de esto son las publicidades de la revista. Lejos de ser una mera curiosidad, los avisos nos sumergen en el espíritu de la época en la que Conrad escribió su obra. Una pregunta para hacerse es ¿Cómo puede ser que la literatura permanezca fresca y nueva, aún después un siglo, mientras que el lenguaje del comercio es cómicamente anticuado?

* Están disponibles en YouTube dos maravillosas entrevistas (de casi una hora cada una) que Coppola le hace al guionista John Milius y a Martin Sheen (que hace de Marlow, en la película). Son documentos fundamentales para apreciar cómo se hizo la película. Como “Fitzcarraldo” de Herzog, la filmación de “Apocalypse Now” es un cuento épico en sí mismo. Si pueden, vean “Fitzcarraldo” y después la película sobre su creación, “Burden of Dreams”; y también “Hearts of Darkness”, el documental hecho por la esposa de Coppola sobre la tormentosa filmación de la película.

* La figura de Kurtz es el epicentro de la obra —hablamos de la novela o de la película. Lo que hace Marlon Brando con Kurtz es épico. Aunque solo aparece al final, sin su actuación colapsaría la película. Es una de las actuaciones más asombrosas de la historia del cine. ¿Cómo podemos pensar sobre lo que logró Brando en “Apocalypse Now”? Tal vez una forma es mirar el Kurtz de John Malcovich en la versión de 1993 de la novela para la televisión. Hay unos clips en YouTube. Es doloroso.

* Una de las cosas que incorpora Milius es hacer que Kurtz sea un ávido lector de T.S. Eliot. Es una jugada brillante, ya que los versos que cita de “The Hollow Men” hacen eco con los temas principales de Conrad. Acá hay una versión anotada del poema. ¿De qué manera este poema refleja y continúa las preocupaciones de El corazón de las tinieblas?

* En 1938, Orson Welles adaptó la novela para la radio. Está disponible online. Welles hace de Marlow y de Kurtz. Es asombroso.

* En 40 libros que adoro, Flavia Pittella tiene un punto fundamental en referencia a la novela de Conrad. Es que el título está mal traducido. La traducción es El corazón de la oscuridad y, como bien elabora Pittella, “oscuridad” y “tinieblas” no son sinónimos. La “oscuridad” tiene un sistema verbal de asociaciones fundamentales al mensaje de la novela. Por ejemplo, la oscuridad de la piel de los africanos —por lo menos formulado desde la perspectiva de los blancos. ¿Cuántas cosas se pierden en la mala traducción del título? Por si les hace dudar de otras facetas de la traducción acá pueden acceder a una copia gratis del texto en inglés.

* Como explica Clive James, Joseph Conrad anticipó el terrorismo contemporáneo en mucha de sus novelas. El colonialismo de Heart of Darkness no es un episodio aislado, sino una fuerza histórica viva. ¿Hay novelistas que hoy estén escribiendo sobre procesos industriales, comerciales y políticos actuales que tendrán el desarrollo de un siglo de aquí en adelante?

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