“La guerra fue el hecho central de su vida”

Entrevista. Kenneth Slawenski escribió una biografía de Salinger compuesta desde la admiración.

Por Andrés Hax

[Publicado originalmente en la Revista Ñ el 22 de noviembre, 2013]

La biografía de J. D. Salinger de Kenneth Slawenski, un investigador y escritor independiente de Nueva Jersey es extraordinaria por dos motivos centrales. Por un lado, a diferencia de biografías anteriores de Salinger, la de Slawenski, publicada en 2010, ubica las experiencias de la Segunda Guerra Mundial en el centro de la vida del autor. El segundo motivo de la excelencia de J. D. Salinger, A life es que fue escrita desde el amor. El impecable libro de Slawenski nació de un exhaustivo blog sobre Salinger llamado Dead Caufields ; se puede leer como una gran novela y el amor por el sujeto se siente sin que se pierda objetividad en el reportaje.

Es un milagro que Salinger haya sobrevivido a la guerra. A partir del 6 de junio de 1944, cuando estuvo en el desembarco del Día D, vivió once meses consecutivos de intenso combate. Entre bombas y balas escribía lo que sería El guardián entre el centeno . Estuvo en el comienzo de la liberación de Francia. Vio infiernos.

Hablamos con Slawenski por teléfono. Tiene un fuerte acento de Nueva Jersey, el estado donde nació y vivió toda su vida. Habla seguro pero pausado, tal vez un poco desconfiado. Pero mientras la charla se desarrolla se va ablandando y su pasión por Salinger lo hace hablar en tonos casi reverenciales.
–¿Qué fue lo más difícil al encarar el armado de esta biografía?
–Supongo que fue la necesidad de estar constantemente vigilando las ramificaciones legales de lo que escribía. Por ejemplo, tuve acceso a centenares de las cartas de Salinger. Su voz esta allí en las cartas. Y me mataba que legalmente sólo estaba permitido citar extractos brevísimos. Por lo tanto perdí mucho de la voz del hombre, mucho de su versión de la historia. Pero supe que iba a estar en esa situación cuando elegí escribir sobre Salinger. Esa realmente fue la restricción más dolorosa.


–¿Esas cartas tienen un valor literario equivalente a su ficción?

–Creo que si tomáramos las cartas de Salinger y si fueran bien editadas contarían un cuento absolutamente fabuloso. Es lo más cercano a una autobiografía que podría existir. Pero están bajo copyright hasta 70 años después de su muerte así que no las vamos a ver en nuestras vidas.


–¿La participación de Salinger en la Segunda Guerra Mundial es la clave para entender su vida y obra?
–Creo que es el evento fundamental de su vida, sin duda, y que realmente es un motor de su escritura más que cualquier otro evento… ¿Cómo podría ser de otra forma? Para nosotros lo sería si nos hubiera tocado vivirlo. Cuando lees sus obras, aun las que no hablan directamente de la guerra, casi puedes sentir cómo hierve justo debajo de la superficie. Hasta en El guardián entre el centeno, de alguna forma está. Allí, como lector viajas con Holden Caulfield durante tres días por la ciudad de Nueva York –y casi puedes percibir a un soldado que vuelve a casa de una guerra, a quien le resulta imposible asimilarse a la sociedad. Lo ves muy sospechoso y desconfiado del mundo que lo rodea. Todas estas cosas, por supuesto, se van a manifestar en lo que escribe. Pensé que había que dedicarle un buen número de páginas al tema de su experiencia en la guerra. Espero haber dejado en manos de los lectores la deducción de cuánto de esto afectó en su escritura y también en la trayectoria de su vida posterior. Su reclusión, por ejemplo. ¿Cuánto de eso se deriva de sus experiencias en la guerra?


–Otro tema central en la biografía de Salinger es su vida espiritual. ¿Llegó usted a darse cuenta en qué realmente creía? ¿Si creía en Dios o la vida eterna, por ejemplo?

–Antes de la guerra no hay una mención de Dios, no se menciona la religión, no hay la más mínima inclinación hacia algo espiritual. Pero sale de la guerra y de repente todas sus cartas están repletas de temas religiosos y espirituales junto con una firme convicción en la existencia de Dios. Por el resto de su vida hace referencias religiosas en sus cartas y habla de Dios. Entonces algo pasa durante la guerra. Se encaminó en una búsqueda de Dios. Eventualmente llegó a las religiones orientales, primero el budismo Zen y después el hinduismo, donde por fin se quedó. Tuvo una creencia muy fuerte y estricta en la doctrina vedanta. ¿Si cree en la vida eterna? Eso depende. Cree en la reencarnación; no en un cielo pero sí en un karma. En el vedanta –y creo que eso fue la creencia de Salinger también– el cielo es ser uno con Dios. Uno se esfuerza a ser uno con Dios. Salinger uso sus escrituras, también, como un camino para ser uno con Dios. Su creencia en el Karma Yoga fue muy importante. Para él su escritura fue, esencialmente, una oración. Una meditación. Un camino hacia la unión con Dios. Escribir era su religión.


–¿En ese sentido se entiende su decisión de no publicar más?

–Salinger mismo dijo que tenía una obligación de escribir porque Dios le dio un don. Dijo eso en varias ocasiones. Pero Dios nunca dijo que tenía que publicar. Si quieres simplificar las cosas, allí está la explicación.


–Dado lo breve que es la obra de Salinger, ¿cómo le parece que un lector puede leerlo durante una vida entera?
La mejor respuesta que se me ocurre es que la filosofía de Salinger sobre la escritura es que le escribía al individuo. Escribió deliberadamente para que lectores individuales pudieran interpretar su obra para realizar sus necesidades. Esto es algo que sólo los escritores más seguros de sí mismos pueden lograr. El realmente entrega sus escrituras al lector y le dice: “Tomá. Vos interpretá esto para vos mismo”. Y eso es algo muy poco común en la literatura. De esa manera, aunque tuvo una producción muy escasa, podemos llevar sus obras con nosotros de una manera muy personal.


–A veces cuando lo releo siento que estoy leyendo una carta de un amigo íntimo.

–Sí. Por más veces que yo haya leído un cuento de Salinger, siempre encuentro algo que –no sé cómo– me perdí en lecturas anteriores. Como si hubiera aparecido entre una lectura y la otra. Realmente es una cosa misteriosa. Y no estoy solo en esa sensación. Mucha gente me ha dicho que le pasa lo mismo.


–¿Vamos a ver obras póstumas pronto? ¿Tiene esperanza en ese sentido?
Siempre he tenido esperanza… Sabemos que probablemente escribió hasta el final de su vida. Y sabemos que habló reiteradas veces en su correspondencia personal sobre su trabajo. Entonces siempre he tenido esperanzas de que vamos a ver obras póstumas… Yo escuché que en su testamento, Salinger dijo que si su hijo y viuda elegían publicar manuscritos inéditos, esperaran un número determinado de años después de su muerte para hacerlo. Eso no es exactamente una orden o un mandato y tampoco un cronograma de publicación. Es un pedido. Puedo comprender ese pedido, porque convengamos en que muchos de los fanáticos de Salinger se pusieron contentos cuando murió porque decían “ahora podemos leer sus cosas”. Salinger sabía que esta actitud existía. Quiso postergar eso. Quiso postergar la celebración el mayor tiempo posible. Se puede entender eso. Yo me sentiría de la misma manera. Pero sí, tengo muchas esperanzas. Eventualmente vamos a ver unos buenos trabajos.


–¿Sabe, de leer sus cartas, qué sintió con el asesinato de John Lennon?
–No, pero se puede sentir. Después del asesinato de Lennon él cambió. Era más sospechoso de las cartas de admiradores. El asesinato de John Lennon fue absolutamente horrible, pero Salinger –en ese momento, por lo menos– no tenía manera de saber que él no iba ser la próxima víctima. Si uno de sus fanáticos era capaz de ese crimen, quién dice que no había otro que lo mataría a él mismo. Pero nunca leí una carta donde él hablara directamente sobre este tema. Esto es en su carácter. Muy raramente habló directamente sobre hechos dolorosos de su vida…

–¿Los cuentos no reunidos, pero no publicados de Salinger, están a la altura de su material publicado?
–No. Hay dos o tres, tal vez cuatro, que son de muy buena calidad, pero hay muchos que son –francamente– muy malos.


–Era un gran curador y editor de su propio trabajo. Eligió lo mejor para publicar como libro.
-Sí. Y revisaba ese trabajo una y otra y otra vez más. Luchó con cada pieza. No era un genio en el sentido de que toda su grandeza fluía libremente de su mente a la página y nada más. Realmente trabajaba mucho en cada línea, cada palabra, cada párrafo. Editaba y editaba y editaba y editaba. A veces por años.


–¿A quién ve como el heredero de Salinger entre artistas estadounidenses de hoy? A mí me parece que
Los excéntricos Tenenbaum es una película con una gran influencia de Salinger, por ejemplo.
-Sí, Wes Anderson admite su influencia. David Foster Wallace también, aunque es un caso muy complicado. Pynchon mismo. Hay mucho de Pynchon que es muy salingeresco. Salinger apareció en una época dorada de escritores estadounidenses de posguerra. Y realmente te transforma. Especialmente en los cuentos cortos, Salinger logra transformar la forma en que leemos y en la que escribimos. Es difícil escribir sin ser influido por el trabajo de Salinger, te des cuenta de eso o no. Muchos de los escritores contemporáneos famosos niegan su influencia, pero te desafío a que leas a Philip Roth y no verlo ahí a Salinger. Esa es la situación en la que nos encontramos. Salinger influyó en la literatura estadounidense en un nivel enorme y creo que todos los escritores de aquí en adelante estarán, de alguna forma, en deuda con él.

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