James Franco adapta Mientras Agonizo, novela de William Faulkner

Franco
William Faulkner y James Franco

La adaptación que James Franco hizo de Mientras agonizo, de William Faulkner, es un rotundo fracaso, tanto en términos artísticos como comerciales. Pero no usamos la palabra fracasodespectivamente: la usamos, justamente, en términos faulknerianos.

Por Andrés Hax (@andreshax)

[publicado originalmente en el blog de Eterna Cadencia el 10/12/2014]

La hipótesis de esta serie de notas (de la cual esta es la segunda entrega; ver la primera) es que podemos utilizar adaptaciones cinematográficas de novelas como una forma de crítica literaria. Ver una película de una gran novela, aunque esa versión sea “mala”, nos puede servir como un espacio de reflexión y análisis para luego releer el texto con nuevos ojos, ver su mundo con más nitidez y poder vivir más alerta dentro del simulacro de la existencia humana que construye con palabras. Asumimos que esa es una las funciones centrales de la crítica, aunque muchas veces se aleja de ese ideal. El propósito aquí es explicar estas ideas generales en términos concretos, concentrándonos en el caso de la novelaMientras agonizo (1930) de William Faulkner y la adaptación estrenada en Cannes en 2013 por el actor, director y diletante cultural James Franco.

1.

Este es un caso muy fecundo, ya que Mientras agonizo es una de las grandes novelas del siglo XX, una pieza clave del modernismo literario, y también uno de los textos fundacionales de la literatura gótica del sur de los Estados Unidos (enorme escuela a la par con la literatura rusa del siglo XIX, que incluye a Flannery O’Connor, Eudora Welty, Robert Penn Warren, William Styron y Cormac McCarthy, entre decenas de otros); mientras que la película de Franco es un rotundo fracaso, tanto en términos artísticos como comerciales. Tras su estreno en Cannes fue mostrada en sólo una pantalla un fin de semana. Según IMDB sus ganancias totales son de 15.000 dólares.

Pero no usamos la palabra fracaso despectivamente: la usamos, justamente, en términos faulknerianos. Cuando le preguntaron cuáles eran las mejores novelas escritas por sus contemporáneos William Faulkner respondió: “Todos nosotros hemos fracasado en el intento de lograr nuestros sueños de perfección. Yo nos ordeno según el espléndido fracaso de intentar lo imposible. Si pudiera escribir toda mi obra de vuelta estoy seguro que lo podría hacer mejor. Esta es la condición más sana para un artista. Es por eso que sigue trabajando, intentándolo de nuevo. Cada vez que lo intenta cree que lo logrará. Por supuesto que no lo podrá hacer.”

La película Mientras agonizo de Franco es un intento ambicioso y bien intencionado de adaptar a la pantalla un relato cuyas principales estrategias narrativas son altamente complejas y cuya característica esencial son monólogos interiores de un variado grupo de personajes. Al ver como fracasa Franco podemos apreciar mejor el casi milagroso logro de Faulkner. Y podemos volver al texto con preguntas como: ¿Qué puede hacer la literatura que no puede hacer el cine? ¿La narrativa cinematográfica y novelística son bestias de especies totalmente diferentes? Son interrogaciones básicas pero sus respuestas pueden ser complejas.

2.

Faulkner escribió Mientras Agonizo con la intención deliberada de crear una obra maestra. En sus propias palabras, la composición de la novela fue un tour de force. La escribió rápido, en 47 días, comenzando el 27 de octubre de 1929, el día después del colapso de Wall Street. Recién había publicado su cuarta novela, El sonido y la furia que ahora es considerada una de las novelas cumbres del siglo XX pero en aquel momento pasó casi desapercibida.

Faulkner tenía 32 años. Solo había ido a la universidad un semestre y nunca tuvo un empleo estable (salvo trabajar en el correo de la Universidad de Mississippi, donde, en realidad, se dedicaba a jugar a las cartas, charlar con amigos, escribir cuentos y poemas, y leer todas las revistas literarias que llegaban a sus clientes). En su pueblo le decían Count No Count – un juego de palabras que significa algo como El conde de la nada. Porque Faulkner era un mitómano; se daba aires de aviador, héroe de la Primera Guerra Mundial, entre otras cosas. Tuvo un periodo durante el cual se paseaba, rengueando elegantemente por el pueblo de Oxford con un bastón, vestido en el uniforme de la Real Fuerza Área canadiense (en la que estuvo algunos meses, no más).

Además, en este momento, Faulkner recién se había casado con el amor de su juventud, una mujer recientemente divorciada y con dos hijos. Para ganar algo de dinero y mantener a su nueva familia, Faulkner consiguió trabajo —como siempre, con la ayuda con amigos y parientes— en la sala de calderas de la Universidad de Mississippi. Escribía entre la medianoche y las cuatro de la mañana en el sótano cerca de las grandes máquinas. Escribió toda la novela a mano en hojas sueltas (como siempre fue su costumbre) y luego paso el manuscrito a máquina, tipeando con dos dedos, haciendo leves revisiones.

Esbozamos las condiciones de trabajo de Faulkner teniendo en mente jóvenes escritores que se demoran en comenzar a escribir porque están esperando condiciones ideales. Es imposible creer que Mientras agonizo saliera mejor si el autor hubiera tenido más tiempo o si, por ejemplo, hubiera gozado de un entorno de contención y apoyo, como un taller literario.

Mientras agonizo es una novela simple y compleja a la vez. El relato en sí, su esqueleto, es básico. Cuenta el periplo de la familia Bundren, unos granjeros pobres, blancos en Mississippi post Guerra Civil. El burdo paterfamilias, Anse Bundren, le había prometido a su esposa, Addie, que se está muriendo cuando la novela empieza, que la enterraría en su pueblo, junto a su familia de origen. Es un viaje de unos 30 kilómetros que en condiciones normales le hubiera llevado un día pero lluvias torrenciales han derrumbado la serie de puentes sobre un río que hay que cruzar para llegar a Jefferson. A toda la familia, el padre, los cinco hijos, y el cadáver de Addie, les lleva diez días llegar a su destino. Ya, a mitad de camino, es una caravana grotesca con buitres escoltando el pútrido cadáver y Cash, el hijo mayor, quien construyó el ataúd, recostado sobre la caja artesanal que contiene los restos de su madre, con la pierna rota y fijada (por el inepto del padre) con cemento.

El relato es sencillo, entonces, aunque escalofriante. La complejidad de la novela ocurre en cómo Faulkner cuenta este viaje fúnebre. Son 59 capítulos, no numerados, en cual hablan en primera persona (y en un monólogo interno) 15 personajes. Siete son de la familia Bundren y ocho, personajes que intervienen en la odisea macabra, en forma benévola o maliciosa. Cada personaje tiene una forma de ver la situación en sí, pero también la existencia misma (el tiempo, el ser, el cuerpo, el deseo…) de formas radicalmente diferentes. Cash es un carpintero pragmático y uno de sus capítulos es simplemente una lista que describe cómo construyó el ataúd. Vardeman, el hijo menor, de unos siete años, no tiene la capacidad de procesar todo lo que ve. Uno de sus capítulos —tan famosos dentro de las letras Estadounidenses como la primera frase de Moby Dick (“Call me Ishmael”)— es simplemente la declaración: Mi madre es un pez. Darl, el segundo hijo, es una figura cuasi hamlética. Es considerado un loco por su familia, pero en su locura ve cosas que nadie más ve: tanto metafísicas como pragmáticas (por ejemplo, que su hermano Jewel, el preferido de Addie, es el hijo bastardo de un pastor del barrio). Y así.

Mientras agonizo es una novela breve que se tiene que leer por lo menos dos veces. En la primera lectura uno se acostumbra a las voces, conoce los personajes. Una vez que esto está resuelto en la mente del lector o la lectora se puede volver a la novela concentrándose en la estructura narrativa: el viaje en sí mismo. Con estos dos elementos resueltos una tercera lectura puede enfocarse en aspectos esotéricos que obsesionan a Faulkner. Por ejemplo, cómo el tiempo mismo fluye (o se comporta) de maneras diferentes en la vida de cada personaje.

Unos años tras ganar el Premio Nobel —en 1949— Faulkner estuvo de visita en la Universidad de Princeton donde conoció brevemente a Albert Einstein. El famoso científico le preguntó a Faulkner de donde sacaba sus cuentos. Faulkner le respondió, escuetamente, “Oigo voces.” Para Einstein la explicación fue clara y suficiente.

Mientras agonizo es una novela de voces. En su coro polifónico se describe un mundo particular y a la vez universal. Faulkner la escribió en una especie de fiebre nocturna y ese estado se contagia al lector de la novela. Son figuras humanas en un paisaje terrenal cumpliendo una tarea primordial. Es un texto que también funciona como música. Uno lo puede leer superficialmente y entenderlo; pero también puede volver y volver y volver al texto y siempre revela algo nuevo.

3.

¿Qué hizo James Franco con esto? Hizo lo mejor que pudo. Tomo lo que hemos llamado la “parte sencilla” de la novela —la trama del viaje de los Bundren— e hizo un guion. Para confrontar el tema de la subjetividad de perspectivas de la novela, los monólogos internos, cómo una realidad es relatada por 15 personajes diferentes (poniendo en cuestión si realmente existe una realidad objetiva o si cada persona lleva una versión del mundo dentro de sí mismo) Franco apostó por un recurso visual: el de la pantalla dividida.

Entonces, el relato cinematográfico de Franco se fragmenta visualmente. Una solución interesante. En teoría, logra tener una secuencia de acción continua (el viaje de los Bundren) que es a la vez fragmentada. En una misma pantalla se puede mostrar la acción del grupo y, simultáneamente, intervenciones de las voces de los protagonistas.

James Franco, además de ser un actor taquillero de Hollywood es una persona que se ha dedicado maniáticamente a acumular títulos universitarios. Estudio letras en UCLA, tiene un posgrado en cine de NYU, tiene dos posgrados en escritura creativa (uno de la universidad de Columbia) y estuvo matriculado en el programa doctoral de letras de la universidad de Yale. Además pinta. Actúa —irónicamente— en telenovelas y —no irónicamente— en Broadway. Publicó una colección de cuentos, una novela, una memoria y tres libros de poemas. Además se ha dedicado a adaptar obras canónicas (y difíciles) de la literatura estadounidense al cine. Hizo un biopic del poeta Hart Crane; además de Mientras agonizo, adaptó el libro Hijo de dios de Cormac McCarthy al cine. Tiene 36 años.

Al comienzo de esta nota lo describimos como un diletante cultural. O puede ser que Franco esté, sin inhibiciones y con gran ambición, jugando: con la literatura, con el cine, con el teatro, con la actuación, con el arte. Por allí toda esta actividad frenética y omnívora es una escuela de la cual saldrá una obra magistral.

Pero Mientras agonizo no es esa obra. Como Faulkner escribiendo, Franco filmó rápido. En menos de dos meses. Pero no entró en una fiebre creativa como el autor. El recurso de la pantalla partida se termina utilizando más como un recurso visual (para mostrar dos escenas simultáneamente) que como una técnica para mostrar una realidad a través de las personalidades de 15 personas distintas.

La estrategia narrativa de Faulkner de dividir su relato en múltiples perspectivas, además de cumplir la función básica de avanzar una narración, hace vivo en un texto complejas realidades existenciales. El truco de Franco termina siendo simplemente eso, un truco.

Faulkner, siempre necesitado de dinero —para mantener su caserón y también a múltiples dependientes familiares— tuvo un largo exilio en Hollywood como guionista. Para él fue una tortura y un fracaso (desde el punto de vista artístico). Teniendo esto en cuenta podemos ser más benevolentes en nuestra crítica de la película de Franco. Es improbable que Faulkner mismo hubiese logrado una mejor adaptación.

Tareas para el hogar

* Para poner a prueba con más rigor la idea que una película de una novela puede ser más útil como campo de reflexión e interrogación sobre un texto que una exposición crítica clásica, hagan el siguiente experimento. Tras leer Mientras agonizo vean la versión de Franco. Pregúntense: ¿Así me imaginé los personajes? ¿Sus caras, su ropa, su manera de hablar? ¿Y el paisaje de la novela? ¿Las habitaciones y los edificios? Y si no ¿por qué no? Hagan un esfuerzo consciente de examinar sus reclamos con la versión fílmica en la luz del texto.

* Si aún no están convencidos que una película mal lograda puede iluminar un texto hagan lo siguiente. Vean las dos clases sobre Mientras agonizo dictadas por una profesora de la universidad de Yale —una de las instituciones académicas más prestigiosas del mundo. [Ponencia 1, Ponencia 2] ¿Estas ponencias lograron entusiasmarlo para volver a leer la novela? ¿Más o menos que la película de Franco? ¿Con quién se imagina que Faulkner le hubiera interesado pasar una tarde charlando? ¿Con Franco o con la Profesora Wai Chee Dimock? ¿Qué le hubiera interesado más ver: la película de Franco o la clase de Chee Dimock?

* Vean El árbol de la vida de Terrence Malick. Esta película tiene algunas cosas en común con Mientras agonizo. Intenta mostrar la subjetividad de la realidad a través de la mirada de diferentes personajes. Cuestiona qué significa la vida con el horizonte inevitable de la muerte. Reflexiona sobre la naturaleza del tiempo, sobre cómo funciona de maneras radicalmente diferentes según el campo en cual actúa: la mente de un niño, la de una madre en luto, la de un muerto mismo; el tiempo geológico extra-humano, el tiempo cósmico. Malick usa, magistralmente, el recurso de la voz en off. Comparen su uso de este recurso con el mismo utilizado por Franco en su película. ¡Imagínense cómo Malick hubiera filmado Mientras agonizo!

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